PALPANDO EL SILENCIO

 

18 de enero de 2018

 Mi silencio, como una esfera que se expande, se extiende por doquier.

Mi silencio se extiende como una canción de la radio, hacia arriba, hacia abajo, a la izquierda, a la derecha, hacia dentro y hacia afuera.

Paramhansa Yogananda 

El sábado pasado fue un día hermoso y soleado, y yo estaba disfrutando un paseo sola por los tranquilos senderos del bosque de Ananda Village. De repente, en un área apartada, me encontré con uno de nuestros residentes, trabajando duro quitando la maleza—una tarea esencial cuando vives en una zona propensa a los incendios forestales. Con sus podadoras (tijeras de podar de hojas largas), Ramdas estaba quitando grandes cantidades de retama negra, un arbusto invasivo altamente inflamable.

“Gracias por hacer esto,” dije en reconocimiento por su servicio voluntario.

Ramdas me miró y simplemente dijo, “Está tan silencioso y tranquilo aquí.”

Hasta ese momento, yo había estado caminando en silencio, pero mi mente había estado ocupada con un flujo activo de pensamientos. Al escuchar sus palabras, me sintonicé con el silencio y la paz que él estaba experimentando. Era profundo y revitalizante, y había estado allí todo el tiempo, pero mi conversación interna lo había bloqueado. El silencio permaneció conmigo por el resto del paseo.

 

 

Premi, una amiga mía que enseña a segundo grado en Ananda Living Wisdom School, me contó sobre una experiencia que había tenido su clase practicando el silencio. De regreso a la escuela para comenzar el segundo semestre, ella invitó a los niños a escribir sus objetivos para la clase y pegarlos en una “Torre de Fuerza de Voluntad” que ella había creado. Un niño muy activo, con una personalidad magnética, la sorprendió diciendo, “Meditemos cinco minutos todos los días.”

 

 

La clase nunca había meditado junta, pero todos estuvieron de acuerdo en intentarlo. Premi les dijo que eran libres de parar en cualquier momento, pero debían permanecer en silencio por respeto a los demás. Sentarse juntos en silencio durante cinco minutos todos los días comenzó a cambiar la dinámica de la clase.

Decidieron que querían tener un período de almuerzo más tranquilo con un mantel, platos, y un “mánager de la calma” que haría sonar una campana si la situación se volvía muy ruidosa. Premi me dijo que resultó ser innecesario hacer sonar la campana siquiera una vez, incluso el primer día, y que quieren continuar con esta práctica a la hora del almuerzo por el resto del semestre.

Luego comenzaron a aprender acerca de la vida de Martin Luther King. Durante sus estudios, vieron una foto de sus seguidores practicando la resistencia no violenta en un restaurante segregado racialmente. La gente estaba volcando kétchup sobre sus cabezas, intentando provocarlos.

Después Premi le preguntó a la clase, “¿Qué podemos compartir en la asamblea escolar para honrar al Dr. King y sus seguidores?”

 

 

Foto del blog de Premi en LiveInLaughter.com

 

 

“¡Podríamos meditar!” fue lo primero que dijo alguien.

Ella les preguntó qué pensaban que tenía que ver la meditación con el Dr. King.

Un estudiante respondió, “Me siento calmo cuando medito. Esas personas en el restaurante tenían que estar calmas para no tomar represalias.”

Otro dijo, “Quiero que el mundo tenga más paz y menos odio, y cuando estás en silencio te sientes más en paz.”

“El amor está dentro de ti, “dijo un tercero. “Cuando medito y estoy en silencio, puedo ver qué hay dentro de mí.”

Todo esto de niños de segundo grado que están meditando durante cinco minutos todos al día. Amigos míos, palpar el silencio que todo lo impregna es uno de los frutos de la meditación. A través de ese silencio Dios puede venir a nosotros, y al abrirnos para aceptarlo, nuestras vidas serán transformadas.

En la quietud divina,

Nayaswami Devi

 

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